QUIZÁ MAÑANA

Laconiadas (microrrelatos)

La realidad era demasiado franca; mostraba sin tapujos todas sus caras, y no todas eran agradables. La ficción era demasiado sutil; requería un esfuerzo imaginativo excesivo, esfuerzo que le provocaba sudores, sudores que le acercaban a la realidad. Por eso escogió la virtualidad: así perdió la siempre problemática personalidad y se convirtió en un esplendoroso vegetal.

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Niño, tú nos has salido rana”; “niño, de tanto beber agua vas a criar ranas en el estómago”; “renacuajo, vete de aquí”. El niño tuvo la convicción de que se había convertido en un batracio. Y se resignó. A partir de entonces se pasaba la mayor parte del día bajo la ducha, procurando que su piel no perdiera la humedad. A tal cosa le obligaba su nueva naturaleza. Así descubrió lo relajantes que son las duchas.

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La sala estaba atestada de gente. Antonio el Quiebrapescuezos estaba jugando a las cartas, cuando entró un desconocido y le espetó que era un hijo de puta y un maricón. Antonio no se inmutó y el tipo aquel, defraudado, se largó.

Antonio confesó más tarde a un conocido que, efectivamente, su madre había ejercido de ramera en época de estrecheces, y que él era, a mucha honra, homosexual.

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Los muchachos estaban exultantes. Habían ganado la final del Campeonato del Mundo de Waterpolo y lo quisieron festejar a lo grande. Cogieron a su entrenador, verdadero artífice del triunfo, sobresaliente ingeniero de tácticas acuáticas, y lo lanzaron a la piscina. Luego, siguieron la juerga. Nadie se dio cuenta de que el entrenador se estaba ahogando. No sabía nadar. Se ahogó.

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Todos tenían muy claro que el candidato ecologista era involucionista; el historiador, contemporizador y el economista, progresista. Él les hizo ver que el candidato involucionista era el economista; el contemporizador, el ecologista y el progresista, el historiador. Su replanteamiento inauguró la conciencia moderna.

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