Un día dejó de comer - FRANCISCO ALONSO MARTÍNEZ
QUIZÁ MAÑANA

Un día dejó de comer y empezó a nutrirse de interrogantes. Estos se fueron instalando en la cabeza, y la cabeza creció. Mucho. Tanto, que se convirtió en un cefalópodo. Ahora tiene atrofiados los pies de no usarlos -era muy trabajoso caminar con tanto interrogante a cuestas-, y la gente juega con su cabeza dándole puntapiés; es como un balón, pero con nombre y apellidos e interrogantes.

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