QUIZÁ MAÑANA

Estaba prendado del rojo. Comía con delectación fresas y cerezas, rojas; bebía vino, rosado y conducía un coche, rojo. Enrojecía de ira y de pudor sólo para contemplarse ante el espejo. Concluyó que el propio cuerpo era la mina más rica de rojez. Se asestó una puñalada en el pecho para saciar sus instintos. Cubierto de sangre, estuvo a punto de llegar al paroxismo. Cayó exangüe.

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