QUIZÁ MAÑANA

día

Un día dejó de comer y empezó a nutrirse de interrogantes. Estos se fueron instalando en la cabeza, y la cabeza creció. Mucho. Tanto, que se convirtió en un cefalópodo. Ahora tiene atrofiados los pies de no usarlos -era muy trabajoso caminar con tanto interrogante a cuestas-, y la gente juega con su cabeza dándole puntapiés; es como un balón, pero con nombre y apellidos e interrogantes.

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Tenía una curiosidad insaciable. Todo lo que desconocía era motivo de inquietud e insatisfacción. Un día cogió un ascensor. Al ir a apretar el botón del piso al que iba vio que debajo de la E del entresuelo, de la B de bajos y de la S de sótano había una sorprendente I; ¿I de qué? No pudo resistir la tentación y la pulsó. El ascensor bajó a una velocidad frenética durante un lapso de tiempo indeterminado, hasta que finalmente se paró. Satanás le abrió la puerta.

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Niño, tú nos has salido rana”; “niño, de tanto beber agua vas a criar ranas en el estómago”; “renacuajo, vete de aquí”. El niño tuvo la convicción de que se había convertido en un batracio. Y se resignó. A partir de entonces se pasaba la mayor parte del día bajo la ducha, procurando que su piel no perdiera la humedad. A tal cosa le obligaba su nueva naturaleza. Así descubrió lo relajantes que son las duchas.

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