FRANCISCO ALONSO MARTÍNEZ

QUIZÁ MAÑANA

Empezó escribiendo un diario cada día un rato antes de acostarse, pero el tiempo se le quedaba corto para relatar todo lo que le había sucedido y todo lo que había pensado durante la jornada, así que paulatinamente fue dedicándole más tiempo. Llegó un momento en que se pasaba el día entero escribiendo en su diario sobre lo que lo que estaba escribiendo. El diario se convirtió en su vida.

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Era, de entre todos los homo erectus de aquel clan, el más extremista: siempre, o todo o nada. Cuando trajeron por primera vez el fuego al poblado, quedó fascinado. Y lo quiso para sí. Era uno de sus todos. Primero fue su luz: lo encandiló; luego su calor: lo reconfortó; finalmente, su ardor: lo quemó. El todo lo convirtió en nada.

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